El hombre del bigote fue el que nos arregló el embrague.
Ese día 17 de agosto nos levantamos tempranito para llegar a Samarcanda lo antes posible, estaba a unos 1.000 Km. Nuestros visados vencían a los tres días.
Cuando llevábamos una hora de camino notábamos que la dirección del coche se nos iba,en ese momento pensamos que es la carretera la que nos hacía perder un poco el control de la dirección, hasta que unos hombres nos hicieron señas y nos quedamos un poco mosqueadas y paramos, nuestra sorpresa fue ver la rueda trasera reventada. Entendimos por qué estábamos perdiendo el control del volante…je,je!!!. Ya era nuestra tercera rueda que se nos pinchaba.
Proseguimos nuestro camino y al cabo de 2 ó 3 horas encontramos la primera gasolinera. Entramos para inflar la rueda pero el hombre nos dijo que estaba bien. Seguimos y cuando ya estábamos en la carretera… plafff!!! se nos rompe el embrague. gritamos ¡¡ahhh!! ¡¡qué es esto!! el pedal se había quedado en el fondo, paramos, abrimos el capó – no sé para qué -he intentamos ver qué le pasaba, pero no sirvió de nada.
Hasta que unos hombres se acercaron, nos vieron desde la gasolinera, y llevamos el coche allí. El hombre hizo un apaño y nos lo arregló, nosotras muy agradecidas,¡¡qué gente más enrollada!! .
En la gasolinera nos encontramos otra vez con Benji y Quentin, el equipo francés, a Jaime lo vimos pasar.
El señor nos dijo que en el siguiente pueblo llamado Quongrhat, encontraríamos bancos para cambiar dinero.
Cuando ya estábamos dentro del banco cambiando aparece Jaime alterado y nervioso, había perdido las llave de su moto. Estuvimos un rato buscándolas y no parecieron, los dejamos porque necesitábamos una rueda de repuesto, no nos quedaba ninguna. Avanzamos un rato y… plafff!!! otra vez el embrague…abrimos capó y un chico hizo un apaño…subimos al coche…. y a unos 800 metros plafff…si…el embrague, coincidió enfrente de una casa, la señora salió y nos dijo que entráramos a su casa con el coche.
Dina y su sobrino.
En un primer momento nos quedamos un poco mosqueadas, pero finalmente lo entramos. Nos hizo entender que el mecánico venía en 5 horas. Nosotras preocupadas, estábamos a contrarreloj, no sabíamos qué hacer,no nos dio tiempo pensar, la mujer enseguida sacó una alfombra para sentarnos, de repente nos vimos comiendo dos huevos fritos y bebiendo mucho té con leche de camella, riquísimo. Se lo agradecimos, pues llevábamos mucho tiempo sin comer algo decente. Disfrutamos de la compañía de la familia de Dina y de su hermana y más tarde apareció su hija de 13 años, que no dudó en enseñarnos su álbum fotográfico. Aunque no hablábamos en el mismo idioma nos entendíamos. Finalmente cuando llegó el mecánico Dina nos ofreció ducharnos, eso de estar 5 días sin ver el agua se notaba bastante. El mecánico arregló el embrague. ¡¡¡bien!!! ¡¡¡podíamos continuar!!!. Agradecemos en el alma la hospitalidad de Dina y de su familia. Le prometimos enviarles las fotos.




