Así quedó Nuria después de ayudar a sacar el coche de los franceses que se les había enterrado el las arenas del desierto Kazajo. Nos lo agradeció ya que si no hubiésemos estado juntos, el coche no sale.
Esa noche plantamos la tienda de campaña y los franceses hicieron una sopa de fideos y nos la tomamos con una “copita” de vino francés.
